domingo, 10 de febrero de 2013

CUANDO UN REGIMEN DEMOCRATICO PIERDE SU LEGITIMIDAD


Muchos ciudadanos acabamos preguntándonos qué sentido tiene hoy en 2013, toda la lucha contra el antiguo régimen, el franquista, hasta conseguir la llegada del Estado de Derecho con la aprobación de la constitución de 1978.

Podríamos escribir largos ríos de tinta sobre el despilfarro en España durante los últimos 35 años, el enchufismo masivo en la administración de los militantes del partido, las familias del político que no saben de donde vienen esos cuatro pisos que papá compró cuando era concejal de no se que pueblo, amigos de amigos, hasta crear una gigantesca red de caciquismo rural, y en definitiva de corrupción institucionalizada y durante muchos años encubierta y tapada, aunque esporádicamente conocíamos algún caso como FILESA, la trama de los GAL, el hermanísimo Juan Guerra, el escándalo de los fondos reservados de Luis Roldán, la megaestafa de la cooperativa PSV impulsada por UGT, el grotesco alcalde de Marbella Jesús Gil y Gil y su sucesor Julián Muñoz y la tonadillera.

Sin embargo, es ahora en medio de la Gran Depresión Económica, cuando se une una crisis política sin precedentes. Un partido que falsea todo un programa electoral para llegar al gobierno, mintiendo descaradamente a los ciudadanos, y echando la culpa a la oposición de tener que mentir al presentar aquel programa. El Gobierno del PP, predica austeridad, pero desde el comienzo de la crisis ha cobrado en subvenciones, 370 millones de euros, más donaciones y cuotas de afiliados, y habiendo subido una media del 22% los sueldos de los empleados del partido. Los primeros actos de transparencia política, llegan tarde, mal, y escandalizan de forma totalmente justificada. Por otro lado el partido de la oposición, tampoco puede sacar pecho. Y es posiblemente por ello que los votantes ven en el PSOE la otra cara de la misma moneda: La corrupción institucionalizada del bipartidismo.

Y además el caso Bárcenas, al que considerare inocente salvo que se demuestre lo contrario por una simple razón: El PP, tiene mucho más dinero que yo, ha hecho una ley de justicia a su medida, (además de una amnistía fiscal igualmente a su medida) y como ahora quieren querellarse contra todo el que diga que Bárcenas es culpable, pues que me se yo si a mi también me ponen una querella si lo escribo en este humilde Blog. Además, seguro que al PP le sale gratis que para eso tienen a Gallardón de ministro haciendo y deshaciendo, como un juego de”lego” con la justicia: Hoy las tasas judiciales, mañana el derecho de reunión... Así que para lo de Bárcenas, la 13 y Gallardón.

Esta legislatura, es la del dislate, la arrogancia, y la mentira institucionalizada. Se rescata a los bancos pero no a las personas, se inyecta una enorme cantidad de dinero para sanearla, pero no se exige la dación en pago obligatoria a cambio. A eso unimos una reforma laboral salvaje y en el peor momento.

Así la clase política mantiene unos privilegios acumulados durante 35 años, la ley de transparencia no es más que un chiste malo, la corrupción sigue aflorando en la misma medida que se agrava la situación económica. Siguen apareciendo brotes verdes, a la vez que sube el paro y la tasa de morosidad, el consumo continúa en mínimos históricos, un endeudamiento caro y enorme, una creciente emigración de la juventud, y un importante descenso de la natalidad, (más del 8% en 5 años), y todo esto en un país donde la inversión en I+D+I y en educación han caído a los mínimos.

Movimientos ciudadanos como el 15-M o el 25-S, han aglutinado a buena parte de la sociedad contra el sistema, y por su reforma. Sin embargo han acabo siendo desprestigiados y casi criminalizados por el régimen. El fantasma de los grises está volviendo y adueñándose de las fuerzas de seguridad de este “Estado de Derecho”. Al final, los ciudadanos aragoneses, y de cualquier sitio del estado, esperamos una reforma profunda de todo el régimen, que de una nueva esperanza en el futuro a la sociedad. Un cambio tan grande, que derrumben los cimientos de la corrupción, para que los ciudadanos podamos encontrar un marco de convivencia moderno, solidario, y con políticos que al reflejarnos sintamos la necesidad de actuar limpiamente con el estado.

Ha llegado el momento de realizar una profunda regeneración política, y es necesario que sea de tal calado, que se impone al mismo tiempo un cambio de régimen: Es la hora de la III República, y sin olvidar el derecho a la soberanía del pueblo aragónés y de Aragón como nación. Solo así puede recuperarse un estado de ánimo en la ciudadanía para que vuelva a confiar en sus instituciones: Refundar el Estado. O esto, o lo disolvemos y declaramos la República de Aragón. 

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